Lunes 7 de marzo. Amanece nublado en Elche y de pronto empieza a llover. No es extraño, alguien muy entrañable para los ilicitanos se nos ha ido. El cielo se une a nuestro dolor y llora.

  1. María Clavo, Hija de Jesús, en Elche desde la fundación del colegio Santa María, año 1951.

Su vida, los niños. Ellos la hacen vibrar y tener energía para seguir siempre adelante. Su motor, Jesús. A Él entregó su vida. La Congregación, su familia y, en ella, un modelo a seguir, Santa Cándida María de Jesús.

Se pueden decir tantas cosas de esta mujer menuda, activa, alegre, sencilla, cercana a todos…

Hasta hace unos días estaba leyendo con los niños de infantil, todos los días una hora. “María, hace frío”, no importa, los niños la esperan y ella no flaquea.

Como un imán atrae a unas virutas de metal así es María con los niños. Algunos no saben quién es pero la ven y echan a correr para darle un beso. ¿Qué encierra esta mujer en su  interior que los niños van tras ella? Los niños, ¡son tan listos!

“María, esta puerta no se abre”, no pasa nada ella tiene la llave. Todas las llaves del colegio las tiene María.

“María, hay una persona enferma y hay que rezar por ella”. María reza y reza.

“María, te ocurre algo, tienes la cara un poco triste” Y ella dice: “No es nada, esta rodilla que se queja por el paso de los años, pero no importa, hay que seguir adelante”.

Siempre así, animosa, sin querer importunar. Su dolor no importa, hay tanto dolor en el mundo…

Y así, día a día, van pasando los años. Parece que el tiempo no pasa por ella, pero quienes fueron sus alumnas llegan al colegio a recoger a sus nietos.

Empieza el curso y se acerca a las clases de los niños que vienen por primera vez al colegio y los consuela cuando lloran los primeros días. Reconoce apellidos en los babis y ya sabe a qué  familia pertenecen. No sé si conoce a todos los ilicitanos pero, seguro que todos en Elche saben quién es ella: la Madre María.

Le gusta participar en las tradiciones de Elche y se la puede ver, como una ilicitana más, echando “aleluyas” al paso del Resucitado y la Virgen de la Asunción.

27 de abril. Aquí llega María con estampas de Antoñita para los niños. “Quedan pocas”, dice   “pero mientras queden…”

“María, hoy es la merienda de otoño con los niños de infantil” y allí está María, con su sonrisa,  disfrutando, viendo cómo los niños saborean algunos frutos por primera vez…

“María, carnaval”…

“María…” y ahí está ella para cualquier cosa que le pidas. Es así. Una vida para los demás. Una sonrisa, porque hay que estar alegres. Una mano tendida, pues su vocación es el servicio…

Martes, 8 de marzo. Ha salido el sol. No podía ser de otra manera. La capilla del cole es grande, pero no lo suficiente como para acoger a tanta gente que hoy viene a estar contigo por última vez y se llena la capilla y se llenan las escaleras y la gente está en el patio escuchando tu última eucaristía, la que ofrecemos por ti.

Tú, que siempre has sido quien ha preparado todo con mimo para las celebraciones eres hoy el centro. Se ha preparado todo para ti. Las flores, las velas, los cantos…La capilla está como a ti siempre te ha gustado, llena de vida.

Seguro que tú estás viendo todo esto desde tu nueva dimensión, acomodada en los brazos de ese Padre bueno a quien tú entregaste una vez tu vida y con quien ahora la compartes plenamente.

Escuchamos cosas muy bonitas sobre ti, es el sentir de las personas que hemos compartido parte de tu vida. Seguro que tú estarás diciendo: “tampoco era para tanto, sólo he intentado vivir conforme a mi opción de vida”. Sé que no te gustaban los elogios, pero es bueno reconocer las cosas buenas que hacemos y tú, ¡has hecho tantas!

Ya queda poco, en unos minutos saldrás de la que ha sido tu casa hasta ahora y ya no volverás.

Hasta el último momento la gente está a tu lado. Ya sale el coche por la puerta…

 

 

María, te has ido pero, te quedas en cada uno de nosotros porque formas parte de nuestra vida.

Y en este hermoso jardín una palmera con tu nombre, delante de la que fue tu clase durante muchos años, porque formas parte de nuestra historia, de la historia de miles de ilicitanos y estarás entre nosotros porque seguiremos hablando de ti.

Hasta siempre. GRACIAS, MARIA.

Marisol Ortega

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